COMO PARÉ EL IMPULSO DE COMER
Mi historia … de un grave desorden alimenticio.
Este es un artículo más personal de los que sueles encontrar en el blog. Sin embargo, pienso que es interesante compartirlo, ya que siempre que he contado mi historia han sido muchas las personas que se han sentido identificadas.
Todo comenzó cuando tenía solo 22 años, y pasé por un fuerte trastorno de alimentación. Había viajado a estudiar al exterior, a New York. La soledad, el cambio de costumbres, la responsabilidad que tenía que afrontar, un idioma distinto… me llevaron a comer de forma desequilibrada.
No fue una sola causa, sino la acumulación de todas ellas, pero el resultado fue que aumenté muchísimo de peso. Así inició mi calvario.
En ese momento, empezó la lucha conmigo misma. Tenía la necesidad de volver a sentirme bien y bonita, pero a la vez sufría una ansiedad espantosa y saciaba esa sensación comiendo galletas, helados y chocolates de manera descontrolada.
Fue una lucha incesante durante mucho tiempo. No estaba a gusto conmigo misma, y al mismo tiempo, quería encajar en un nuevo entorno y sentirme capaz, valiosa y sobresaliente, lo que me llevaba a una gran lucha interna.
Pero el cambio recién llegó cuando dejé de luchar.
Sé que muchas personas podrán resonar con mi relato, por eso, en este artículo te contaré mis experiencias, cómo me sentí y qué hice para afrontar el hambre emocional y parar el impulso de comer.
Cómo se vive el hambre emocional
Cuando sufres hambre emocional, lo peor no es comer de forma compulsiva y desequilibrada, sino que además no sueles ingerir los nutrientes que tu cuerpo necesita, como me ocurrió a mí.
Así que no me sentía bien, ni comía de forma saludable, y fue el punto en el que me di cuenta de que había perdido el control de la situación. Y a eso se sumó la culpa por no ser lo suficientemente fuerte o tener una voluntad voluble y frágil.
Es una sensación terrible, porque es una mezcla explosiva entre las emociones y los pensamientos negativos, que desencadenan en un bucle del que es difícil salir. El resultado: una mala relación con la comida, que se va convirtiendo en hábito con el tiempo.
Recuerdo que, durante ese tiempo, me marcaba objetivos realmente absurdos, en relación con el bienestar y la salud, como por ejemplo llegar a un peso concreto, cuando sabemos que la báscula nada tiene que ver con sentirse y estar bien.
Además, inicié no una, sino muchas dietas que me hacían perder peso inmediatamente. Pero una semana después, recuperaba con creces los kilos perdidos.
Y es que todas las dietas las hice “por obligación”.
Con el tiempo y mucha formación, descubrí por qué las dietas no son el remedio para frenar el impulso de comer.
Y si sigues leyendo, te contaré lo que he aprendido, en mi experiencia y también en la de las personas a las que he ayudado como coach de salud y nutrición.
Cómo parar el impulso de comer sin dietas
¿Te has fijado cómo funcionan las dietas que haces por obligación? Aunque a veces comes alimentos que probablemente te hubieran gustado en otra ocasión, al hacerlo por obligación, desarrollas mucho más estrés y ansiedad por dentro.
En mi caso, esto generó que me diera unos atracones tremendos, comiendo todo lo que me había estado privando mientras hacía la dieta. Y entonces, ¡vuelta a empezar!
Así estuve durante bastante tiempo, hasta que decidí no hacer una dieta más. La primera etapa para recuperarme sin dietas, me centré en lograr calmar el impulso de comer y empezar a recuperar mi autoestima.
Después, seguí aprendiendo a comer. Fue un proceso largo, pero lo logré gracias a que descubrí que podía tener una alimentación natural, integral y, lo más importante, basada en alimentos reales y sabores que disfruto comer.
Por eso, te invito a ti también a olvidarte para siempre de las dietas.
Porque es posible cuidarse, mientras disfrutas de nuevos sabores, experimentas y comes lo que más te gusta y te hace sentir bien.
Vive saludable, nutriendo tu cuerpo
Ahora puedes descubrir una alimentación saludable que disfrutes. Entonces, si has pasado (o pasas) por una etapa en la que no controlas tu apetito, te mueres de ansiedad, o comes casi sin masticar…
Recuerda que puedes pedir tu primera sesión conmigo y disfrutar de volver a descubrirte.



